Madre loba

Hay una fuerza que solo comprendí cuando entendí lo que significa cuidar de otra vida.
La naturaleza siempre me ha enseñado que la maternidad nunca ha sido un lugar cómodo. Es entrega, instinto y protección. Por eso la imaginé en mitad de la montaña, con la ropa rasgada, la piel manchada de tierra y el cuerpo marcado por el camino. Como una auténtica guerrera. Porque una madre no llega intacta a la meta: cada herida, cada cicatriz y cada mancha hablan de todo lo que ha sido capaz de soportar por aquellos a quienes ama.
Los lobeznos representan esa vida que depende completamente de otra. No conocen el miedo mientras permanecen entre los brazos de quien los protege. Ella sí está cansada. Se le nota en el cuerpo, en las heridas y en el peso que lleva encima. Pero también se percibe algo mucho más fuerte: la capacidad de resurgir una y otra vez. De volver a levantarse, de volver a proteger, de volver a alimentar y de volver a amar incluso cuando siente que ya no quedan fuerzas. Lejos de aparecer como una figura frágil, se convierte en el refugio más poderoso de toda la montaña.
Madre Loba habla de la maternidad como el acto más salvaje y, al mismo tiempo, más humano que existe. De ese amor que no necesita perfección, solo presencia. De comprender que cuidar también es luchar, renunciar y resistir.
Siempre he pensado que una madre se parece mucho a una loba. No porque sea feroz, sino porque convierte el amor en su mayor instinto. Porque es capaz de enfrentarse a cualquier amenaza si con ello protege a los suyos. Porque nunca deja de ser refugio, incluso cuando ella misma necesita uno.
Ser padre me ha cambiado la manera de mirar la maternidad. Me ha hecho comprender que detrás de cada madre hay una auténtica guerrera. Una mujer que muchas veces vive cubierta de cansancio, de dudas y de cicatrices invisibles, pero que siempre encuentra la fuerza para resurgir.
Esta obra es mi homenaje a todas ellas. A las que, aun sintiéndose agotadas, siguen siendo el lugar más seguro del mundo para quienes aman. Porque la verdadera fortaleza no consiste en no caer nunca, sino en levantarse cada día con el mismo amor con el que abrazaron el primero.

-Consultar precio-

Técnica: Óleo
Soporte: Tabla entelada
Dimensiones: 100 x 80 cm. (alto x ancho)

Me interesa la obra: Madre loba

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